martes, 28 de abril de 2015

El Día del Libro (Primera parte: Teatro, cuento y fábula para enseñar Matemáticas)


DIDÁCTICA ACERCA DE LA UTILIZACIÓN DE LA LITERATURA COMO RECURSO PARA LA ENSEÑANZA DE OTRAS MATERIAS. 

Un Día del Libro diferente en el Colegio Ruta de la Plata.



Didáctica de las Matemáticas // Didáctica de la Literatura y la Literatura Infantil y Juvenil.


Profesoras: Virginia Liviano Carmona y María Victoria Soriano García

Alumnos de 3º Grado en Educación Primaria.

Reparto: 
Alonso Becerra Salguero
Coro Casimiro Márquez
Cristina Díaz Velasco
Alejandra Fernández Fabián
María Flores Gómez
Carlos Léon Nieto
Fernando Macías Arjonilla
Rocío Méndez Pérez
Beatriz Murillo Colino
Tara Jaabs Rodríguez Herrera
Antonio Rueda Muriel
Paloma Sabido González
Vanesa Sánchez Cuéllar
María Soltero Díaz

Objetivos: 

- Destinar el Día del Libro a una actividad formativa con el propósito de fomentar la interdisciplinariedad.

- Considerar los géneros y subrgéneros literarios como recursos para el aprendizaje de las Matemáticas.

- Motivar a los primeros cursos de Educación Primaria para el acercamiento hacia la lectura en este día.

- Vincular los recursos teatrales a cualquier materia que ayude al entendimiento de un concepto que se deba enseñar o reforzar: improvisación, marionetas, guiñol, dramatización de cualquier secuencia.

- Crear textos de literatura infantil, teniendo en cuenta la estructura de cada uno de ellos: un cuento, una fábula y un teatrillo. 

- Apreciar las costumbres y valores de nuestra Comunidad Autónoma para transmitirlas a los niños. Los alumnos del Grado en Educación Primaria abrieron su telón en el salón de actos del Colegio Ruta de la Plata de Almendralejo con Caperucita extremeña

Una adaptación del cuento de Charles Perrault que nos acercaba a ese personaje tan conocido de ficción hasta nuestra tierra. Caperucita sumaba momentos positivos hasta que se encontró al Lobo Resta y a una serie de números. Lo que ustedes no saben es que eran primos hermanos y se convirtieron en grandes amigos. 

La Fábula de Mamá Búho tenía una misión. Varias familias de una aldea tuvieron que resolver un problema matemático que su profesora Mamá Búho planteó en la Escuela Feroz. Fue Burro quien se llevó la piñata dulce porque no dejó de trabajar ni un instante. La moraleja es sencilla y clara: Todo esfuerzo tiene su recompensa si se trabaja para ello. 

Por último, los números convertidos en marionetas nos cuentan cómo son, con el fin de que acabáramos todos riendo y bailando. 

-Abordar los criterios y contenidos matemáticos de 1º y 2º curso de Primaria, explicados a través del cuento, la fábula y el teatrillo.


Materiales: 

1) Elaboración de un guiñol con la estructura de libro de 2 metros de alto y un metro de ancho. Cuando cambiaban del cuento a la fábula y de la fábula al teatrillo se pasaba la página del guiñol. 

2) Marionetas y máscaras para el teatrillo numérico y la fábula de Mamá Búho, respectivamente.

3) Música a cargo de nuestro saxofonista Alonso Becerra Salguero.

4) Disfraces o detalles caracterizadores: falda y mandil extremeño, bigotes, chisteras, bata...





(Mutis por el foro)

Nota al pie: En la segunda parte, les contaremos la gymkana realizada posteriormente para reforzar contenidos de Literatura y de Matemáticas. ¡Viva el Día del Libro! Buena didáctica. 

viernes, 24 de abril de 2015

Érase Más de una Vez

Érase Más de una Vez



El portal web de CEDEC, Centro Nacional de Desarrollo Curricular en Sistemas no Propietarios, perteneciente al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España enlaza nuestro blog educativo como recomendación docente y didáctica.

Agradecemos su gesto y seguiremos aprendiendo de estos usos para motivar a nuestros alumnos universitarios y futuros maestros. En pocos días, publicaremos las actividades realizadas en el Día del Libro.








lunes, 30 de marzo de 2015

Oficina de Redacción Literaria Disparatada (ORLD)


                                                    ¿BAILAMOS EN SILENCIO?





No sé si empezar por el principio porque en realidad  no tiene mucha importancia. Quizás caería en ese hablar demasiado y a casi nadie le gusta que se hable por los codos. La verdad es que el silencio es buen amigo de un niño. Sirve para ciertos ocultamientos, planear travesuras, disfrutar de la soledad necesaria, vencer el miedo, leer cuentos e incluso para bailar... 

Mi problema principal, cuando hice la matrícula en la escuela de baile de mi ciudad, es que me resultaba prácticamente imposible estar callada durante la hora y media de ensayo. Otro problema añadido es que parecía un poco torpe a la hora de distinguir la izquierda y la derecha. Soy una muchacha con una poderosa alegría. Poco más pueden decir de mí, porque no me gusta que me definan -me pongo muy colorada- ni me parece oportuno describirme como si me dibujase con colores chillones. 

La danza es un arte delicado que nos lleva a una educación corporal a veces demasiado estricta. Conseguía, poco a poco, ser veloz y daba rienda suelta a la libertad de mis pies con cierto sentido del ridículo agudizado. 

Esa señora era una bruja y pretendía que, con las persianas bajadas y una luz tenue, me concentrase en las primeras notas del piano y disfrutase como una pantera que descarga su agresividad en pocos minutos ante su presa. Y sin hablar. Yo no puedo bailar ni hacer nada sin decir ni una sola palabra. ¡Qué complicado! La profesora de danza pronunciaba mi nombre con tanta fuerza que lo que apetecía era esconderse después de quitarme un tutú que, al correr, se movía más cursi que una mariposa en una florecilla aislada del parque

- Despacio, más despacio. ¡No te precipites tanto en los saltos!, expresaba esta mujer airada. 

Me iba a casa tarde y, en el trayecto corto que decidía cuando debía ensayar, me encontré un libro abierto sobre un banco. ¿Lo dejo? No, creo que lo mejor que hice fue recogerlo y meterlo en mi mochila. 

- ¡Fantástico! El libro es una casualidad curiosa en este momento, decía ante el espejo del cuarto de baño. 

Me subí a la silla para peinarme esa larga melena que se enreda con cualquier cosa y me acordé, con una tristeza espantosa, de la actitud de mi profesora. Buenas noches.  

Un sol y una minúscula nube me daban los buenos días. Los rayos conseguían penetrar hasta mi última sábana de invierno. Me vestí rápido, porque bailaba en quince minutos en un teatro de mi distrito y apenas me daba tiempo. Tropezaba con una cantidad de obstáculos mañaneros: el gato peludo de mi vecina, el guapo oficinista que hacía un descanso a esas horas y la señora que coge el metro armada con escudo de guerra. Sin querer, me premió con un cachetón en la espalda, pues la intención era que me diera algo de prisa en recoger mi resguardo. 

Mi afición a hablar me llevó por el camino de contar atropellada todo lo que me apetecía. Hasta que me di cuenta de que tenía el libro del parque en la mochila. Lo saqué y, con actitud modosa, me dispuse a leer cuatro páginas de, más o menos, la mitad de la obra. Decía así: " Un pájaro se limpió su ala cuando terminó la batalla con el león por el amor de una iguana en medio del campo". 

- ¡Qué mezcla animal tan extraña!, grité. ¿Un león y un pájaro peleando por ser amantes de una iguana? ¿Un pájaro ganando a un león? ¡Qué pareja harán una iguana y un pájaro!, repetía insistente. 

El libro ilógico de animales había conseguido que estuviera en silencio diez minutos y el trayecto hasta la función de baile se hizo mucho más entretenido de lo habitual. Sin esperarlo, al salir del metro, un chico guapo se dirigió a mí: 

- ¿Eres esa artista que no sabe bailar en silencio? Me han dicho que podía verte esta tarde en la función repetida de las siete.  

- No entiendo esa fama. Es por culpa de mi alegría y entusiasmo, puesto que no sé estar quieta sin expresarme verbalmente. 

- Prueba a bailar conmigo, insinuó el chico que, además de guapo, dejaba ver un carácter alegre

Estuve más de tres minutos inmóvil y callada. ¡Asombroso! No supe qué era lo más adecuado. Me fijaba en su oreja pequeña y en un diente sobresaliente que le daba picardía a una sonrisa sencilla. Enmudezco. ¡Chanchanchan! ¡Oh! ¿Y ahora qué?  Me acordé del libro absurdo de animales y de su lucha en la que ganaba el más débil. Quise contestarle: 

- Sí. Cuando termine la función bailo contigo. Será la única forma de mejorar. Sabré tragarme todas la palabras que podría decir. 

Desde entonces, bailamos juntos de vez en cuando y nunca terminé el libro que empecé por la mitad. Eso sí, el pequeño fragmento, que accidentalmente leí, me dijo más de lo que yo podía alcanzar a comprender con esa edad. Ahora bailo en silencio en teatros y rincones de la casa. Ensayo con disciplina y logré respetar el límite de palabras que se puede decir en el momento oportuno. 

Silencio. Me hago mayor y jamás pensé que alguien me pediría bailar. 

María Victoria Soriano García 

(vuestra profesora de Lengua y Literatura que ha querido participar igualmente en esta actividad de la ORLD) 

Nota: Recuerdo que las palabras subrayadas son las que tenían que aparecer en la composición de cada uno y fueron elegidas por todos los alumnos y la profesora en el aula a golpe de impulso. 


Oficina de Redacción Literaria Disparatada








Ha pasado mucho tiempo, aun así tengo muchos recuerdos de mi infancia. Recuerdos que muchas veces me producen una gran alegría pero a la vez una profunda tristeza, al saber que nunca más volverán a suceder esos hechos. 

Recuerdo esas tardes con los amigos en el parque jugando al fútbol, esas tardes en las que aquel parque se convertía para nosotros en un fantástico campo de fútbol. El sol apretaba con todas sus fuerzas pero no nos preocupaba en ese momento

Pero, sin duda, mi mejor recuerdo fue cuando en el parque, ya pasada la tarde, nos encontramos un gato jugando con una pequeña pelota. Era un gato muy peludo, con una pequeña herida en la oreja. A pesar de su pequeño tamaño, para nosotros era como un león. Nos acercamos muy despacio, con mucho miedo de que nos atacara. Un adulto que estaba allí leyendo un libro, y que le faltaba un diente, nos dijo que no tuviésemos miedo pues ese gato era igual de inofensivo que una mariposa. De todas formas, sabíamos por experiencia que un gato es un animal muy veloz y activo aunque a la vez pueda ser muy delicado

En ese momento, mi madre subió la persiana y gritó mi nombre por la ventana. Yo pensé que iba a ganarme un cachetón, pero en realidad me avisó para que me vistiese guapo para asistir al baile de fin de curso de mi hermana. Me enfadé mucho, me sentía como un pájaro al que le falta un ala y no puede volar en libertad. 

Mi madre no era ninguna bruja, pero cada vez que me llamaba para subir a casa me causaba una gran sensación de soledad. Yendo hacia mi hogar vi una gran nube oscura, la naturaleza es tan poderosa que puede hacer que pases dos horas preparándote y, finalmente, acabar empapado y no te ha servido para nada todo ese tiempo. 

Cuando subí a casa, me encontré a mi padre muy alegre sentado en una silla. Iba vestido con un traje con el que estaba muy guapo. Antes de salir, mi madre me encargó echarle de comer a mi iguana, que se llamaba Chanchanchan. Una iguana tan negra como una pantera y que me producía una gran alegría porque era una mascota a la que tenía mucho cariño. 

Fernando Macías Arjonilla, 3º Educación Primaria. 

Oficina de Redacción Literaria Disparatada





Una tarde de primavera, volaba cerca de una nube una alegre mariposa. De repente, se tropezó con una bruja a la que le faltaba un diente y una oreja. 

Era tan poderosa que, a través de un hechizo, hizo que la mariposa perdiera un ala. Ahora, la pobre, se encontraba en un momento delicado y sentía una gran tristeza por lo que había ocurrido. 

El sol, que lo había visto todo, llamó a los animales cercanos y, entre ellos, estaba la iguana, el gato, la pantera, el veloz león y un pájaro llamado Alegría; para contarles lo que había sucedido. Tenían que ayudar a mariposa con el fin de que volviera a volar en libertad. El peludo león se dirigió hacia un parque y allí encontró una silla, se acercó despacio y, en ella, observó que tenía unas letras que la distinguían. En ellas ponía: "Alegría". Después, regresó al mismo lugar donde les citó el sol. 

El guapo gato le dio un cachetón y se dirigió hacia el campo lleno de flores silvestres. Se topó con una persiana rota y regresó al mismo sitio donde se encontraban los demás. 

La pequeña iguana tenía miedo de ver a la bruja y que le pasara algo malo. La pantera vio a lo lejos algo que resplandecía y un pájaro muy guapo se acercó a ver qué ocurría. Chanchanchan... Un fantástico libro halló en la soledad de una colina y activó un baile con piruetas en el aire. 

Ana Belén Leal Lencero, 3º Educación Infantil. 

Oficina de Redacción Literaria Disparatada

                                          EN BUSCA DE LA LIBERTAD



Por fin llego la libertad, aún quedaban horas para disfrutar de este maravilloso día. Habíamos conseguido escaparnos de aquella poderosa bruja cuyo nombre era raro. ¡Nunca nos acordábamos!
Ese parque era un infierno para nosotros, lleno de momentos de soledad y tristeza, pero sobre todo miedo. No había un solo día que pudiéramos disfrutar de aquel fantástico sol del que todo el mundo hablaba, solo veíamos días grises, llenos de nubes, y lo peor de todo era que esos días nadie venía a visitarnos. Lo único bueno que tenía vivir aquí era cuando, niños como tú, venían a jugar con nosotros.  ¡Esos días sí que estaban llenos de alegría!

Pero, de repente, las cosas empeoraron, la Bruja Eris se volvió aún más delicada, ya no dejaba entrar ni siquiera a los niños.

Un día estando en mi jaula, me di cuenta de que todo estaba cambiando. Mi vecino, el gran León, que siempre había sido muy activo, ahora dormía casi veinte horas al día. No podía permitirlo, pues la tristeza se estaba apoderando de nuestras vidas.  Todos sabíamos cuándo las cosas iban mal, solo con hacer un pequeño ruido entre las rejas nos comunicábamos. 

Y así fue, apenas rocé mis dientes con las rejas cuando el pájaro Paco llegó, agitando sus alas fuertemente. La mariposa Rosa le seguía y la iguana Juana, aunque un poco más despacio, también apareció. Después de tantos años aquí, lo mínimo era tener un nombre. Pero alguien faltaba, hice un pequeño recuento:

-¡pájaro Paco!
- ¡Presente!
-¡mariposa Rosa!
-¡Presente!
-¡Iguana Juana!
- ¡Presente!
-¡León Hipólito!
-¡Presente!
-¡Pantera Alegría! …. ¡Eh, sí, soy yo!
-¡Gato Lucas!
    Chan chan chan...

Sonó una melodía de esas que aparecen en las películas para dar más tensión al asunto y nadie me contestó. Como siempre, el gato peludo estaba durmiendo y teníamos que ir a despertarlo. Pero las cosas no pintaban nada bien, porque el gato Lucas vivía al lado de la bruja y no podíamos hacer ni un solo ruido si queríamos ser felices para siempre. El pájaro Paco era el encargado de vigilar a la malvada bruja, mientras que la iguana Juana lo despertaba. Paco empezó a volar  y observo a la bruja desde la persiana. Estaba sentada en una silla, leyendo un libro, o por lo menos eso parecía. ¡Seguro que no estaba planeando nada bueno!

Nunca os he hablado de cómo es la bruja y creo que es el momento, porque afortunadamente no la veremos más. Desde que pusimos el pie aquí sigue igual: vestida y guapa… ¡No lo es! . Siempre me pregunté cómo una persona tan pequeña podía tener tanta maldad.  

Vamos a centrarnos, Juana ya había conseguido despertar al gato Lucas con un pequeño cachetón. No sé cómo se atrevió porque mira que tenía mal despertar... Ahora solamente tendríamos que ir hasta la puerta y salir a correr.  Pero las cosas no eran tan fáciles, de una bruja con nombre de diosa griega de la discordia no íbamos a escapar tan fácilmente. Teníamos que idear un buen plan.

-¡Lo tengo!  Dijo el gato Lucas.

Nos contó su pequeño plan  y la verdad que, a pesar de ser un dormilón, tiene muy buenas ideas. Solo necesitábamos un pintalabios, y yo de esas cosas no tenía, pues una pantera felina y salvaje como yo no podía permitirse tener eso.  Seguro que la iguana Juana tendrá, a ella le encanta ponerse guapa para Paco, aunque no lo admita todos sabemos que está enamorada de él. Ya habíamos pintado a la mariposa de color rojo cereza, ahora parecía otra, estaba irreconocible. 

Cruzó la ventana y se posó en el libro. La bruja al verla cogió el cazamariposas e intentó atraparla, pero Rosa estaba muy entrenada y voló hasta la jaula vacía, la más grande de todas y que siempre nos imaginamos que podría ser la casa de un enorme elefante. La bruja entró y Paco cerró rápidamente la puerta, ahora estaba atrapada y le tocaba vivir allí encerrada como lo habíamos hecho nosotros. No nos lo podíamos creer, estábamos alegres, éramos libres. ¡Podríamos correr por el campo y hacer nuestro baile de victoria!


Ahora llevamos un año viviendo en la selva, libremente, aunque todos juntos. Juana y Paco se casaron, Hipólito ahora solo duerme diez horas al día y Lucas, aunque sigue tan dormilón, nos alegra los días. 
- ¿Yo? Yo sigo como siempre, haciéndole justicia a mi nombre. 

María Flores Gómez, 3º Educación Primaria