martes, 28 de abril de 2015

El Día del Libro (Primera parte: Teatro, cuento y fábula para enseñar Matemáticas)


DIDÁCTICA ACERCA DE LA UTILIZACIÓN DE LA LITERATURA COMO RECURSO PARA LA ENSEÑANZA DE OTRAS MATERIAS. 

Un Día del Libro diferente en el Colegio Ruta de la Plata.



Didáctica de las Matemáticas // Didáctica de la Literatura y la Literatura Infantil y Juvenil.


Profesoras: Virginia Liviano Carmona y María Victoria Soriano García

Alumnos de 3º Grado en Educación Primaria.

Reparto: 
Alonso Becerra Salguero
Coro Casimiro Márquez
Cristina Díaz Velasco
Alejandra Fernández Fabián
María Flores Gómez
Carlos Léon Nieto
Fernando Macías Arjonilla
Rocío Méndez Pérez
Beatriz Murillo Colino
Tara Jaabs Rodríguez Herrera
Antonio Rueda Muriel
Paloma Sabido González
Vanesa Sánchez Cuéllar
María Soltero Díaz

Objetivos: 

- Destinar el Día del Libro a una actividad formativa con el propósito de fomentar la interdisciplinariedad.

- Considerar los géneros y subrgéneros literarios como recursos para el aprendizaje de las Matemáticas.

- Motivar a los primeros cursos de Educación Primaria para el acercamiento hacia la lectura en este día.

- Vincular los recursos teatrales a cualquier materia que ayude al entendimiento de un concepto que se deba enseñar o reforzar: improvisación, marionetas, guiñol, dramatización de cualquier secuencia.

- Crear textos de literatura infantil, teniendo en cuenta la estructura de cada uno de ellos: un cuento, una fábula y un teatrillo. 

- Apreciar las costumbres y valores de nuestra Comunidad Autónoma para transmitirlas a los niños. Los alumnos del Grado en Educación Primaria abrieron su telón en el salón de actos del Colegio Ruta de la Plata de Almendralejo con Caperucita extremeña

Una adaptación del cuento de Charles Perrault que nos acercaba a ese personaje tan conocido de ficción hasta nuestra tierra. Caperucita sumaba momentos positivos hasta que se encontró al Lobo Resta y a una serie de números. Lo que ustedes no saben es que eran primos hermanos y se convirtieron en grandes amigos. 

La Fábula de Mamá Búho tenía una misión. Varias familias de una aldea tuvieron que resolver un problema matemático que su profesora Mamá Búho planteó en la Escuela Feroz. Fue Burro quien se llevó la piñata dulce porque no dejó de trabajar ni un instante. La moraleja es sencilla y clara: Todo esfuerzo tiene su recompensa si se trabaja para ello. 

Por último, los números convertidos en marionetas nos cuentan cómo son, con el fin de que acabáramos todos riendo y bailando. 

-Abordar los criterios y contenidos matemáticos de 1º y 2º curso de Primaria, explicados a través del cuento, la fábula y el teatrillo.


Materiales: 

1) Elaboración de un guiñol con la estructura de libro de 2 metros de alto y un metro de ancho. Cuando cambiaban del cuento a la fábula y de la fábula al teatrillo se pasaba la página del guiñol. 

2) Marionetas y máscaras para el teatrillo numérico y la fábula de Mamá Búho, respectivamente.

3) Música a cargo de nuestro saxofonista Alonso Becerra Salguero.

4) Disfraces o detalles caracterizadores: falda y mandil extremeño, bigotes, chisteras, bata...





(Mutis por el foro)

Nota al pie: En la segunda parte, les contaremos la gymkana realizada posteriormente para reforzar contenidos de Literatura y de Matemáticas. ¡Viva el Día del Libro! Buena didáctica. 

viernes, 24 de abril de 2015

Érase Más de una Vez

Érase Más de una Vez



El portal web de CEDEC, Centro Nacional de Desarrollo Curricular en Sistemas no Propietarios, perteneciente al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de España enlaza nuestro blog educativo como recomendación docente y didáctica.

Agradecemos su gesto y seguiremos aprendiendo de estos usos para motivar a nuestros alumnos universitarios y futuros maestros. En pocos días, publicaremos las actividades realizadas en el Día del Libro.








lunes, 30 de marzo de 2015

Oficina de Redacción Literaria Disparatada (ORLD)


                                                    ¿BAILAMOS EN SILENCIO?





No sé si empezar por el principio porque en realidad  no tiene mucha importancia. Quizás caería en ese hablar demasiado y a casi nadie le gusta que se hable por los codos. La verdad es que el silencio es buen amigo de un niño. Sirve para ciertos ocultamientos, planear travesuras, disfrutar de la soledad necesaria, vencer el miedo, leer cuentos e incluso para bailar... 

Mi problema principal, cuando hice la matrícula en la escuela de baile de mi ciudad, es que me resultaba prácticamente imposible estar callada durante la hora y media de ensayo. Otro problema añadido es que parecía un poco torpe a la hora de distinguir la izquierda y la derecha. Soy una muchacha con una poderosa alegría. Poco más pueden decir de mí, porque no me gusta que me definan -me pongo muy colorada- ni me parece oportuno describirme como si me dibujase con colores chillones. 

La danza es un arte delicado que nos lleva a una educación corporal a veces demasiado estricta. Conseguía, poco a poco, ser veloz y daba rienda suelta a la libertad de mis pies con cierto sentido del ridículo agudizado. 

Esa señora era una bruja y pretendía que, con las persianas bajadas y una luz tenue, me concentrase en las primeras notas del piano y disfrutase como una pantera que descarga su agresividad en pocos minutos ante su presa. Y sin hablar. Yo no puedo bailar ni hacer nada sin decir ni una sola palabra. ¡Qué complicado! La profesora de danza pronunciaba mi nombre con tanta fuerza que lo que apetecía era esconderse después de quitarme un tutú que, al correr, se movía más cursi que una mariposa en una florecilla aislada del parque

- Despacio, más despacio. ¡No te precipites tanto en los saltos!, expresaba esta mujer airada. 

Me iba a casa tarde y, en el trayecto corto que decidía cuando debía ensayar, me encontré un libro abierto sobre un banco. ¿Lo dejo? No, creo que lo mejor que hice fue recogerlo y meterlo en mi mochila. 

- ¡Fantástico! El libro es una casualidad curiosa en este momento, decía ante el espejo del cuarto de baño. 

Me subí a la silla para peinarme esa larga melena que se enreda con cualquier cosa y me acordé, con una tristeza espantosa, de la actitud de mi profesora. Buenas noches.  

Un sol y una minúscula nube me daban los buenos días. Los rayos conseguían penetrar hasta mi última sábana de invierno. Me vestí rápido, porque bailaba en quince minutos en un teatro de mi distrito y apenas me daba tiempo. Tropezaba con una cantidad de obstáculos mañaneros: el gato peludo de mi vecina, el guapo oficinista que hacía un descanso a esas horas y la señora que coge el metro armada con escudo de guerra. Sin querer, me premió con un cachetón en la espalda, pues la intención era que me diera algo de prisa en recoger mi resguardo. 

Mi afición a hablar me llevó por el camino de contar atropellada todo lo que me apetecía. Hasta que me di cuenta de que tenía el libro del parque en la mochila. Lo saqué y, con actitud modosa, me dispuse a leer cuatro páginas de, más o menos, la mitad de la obra. Decía así: " Un pájaro se limpió su ala cuando terminó la batalla con el león por el amor de una iguana en medio del campo". 

- ¡Qué mezcla animal tan extraña!, grité. ¿Un león y un pájaro peleando por ser amantes de una iguana? ¿Un pájaro ganando a un león? ¡Qué pareja harán una iguana y un pájaro!, repetía insistente. 

El libro ilógico de animales había conseguido que estuviera en silencio diez minutos y el trayecto hasta la función de baile se hizo mucho más entretenido de lo habitual. Sin esperarlo, al salir del metro, un chico guapo se dirigió a mí: 

- ¿Eres esa artista que no sabe bailar en silencio? Me han dicho que podía verte esta tarde en la función repetida de las siete.  

- No entiendo esa fama. Es por culpa de mi alegría y entusiasmo, puesto que no sé estar quieta sin expresarme verbalmente. 

- Prueba a bailar conmigo, insinuó el chico que, además de guapo, dejaba ver un carácter alegre

Estuve más de tres minutos inmóvil y callada. ¡Asombroso! No supe qué era lo más adecuado. Me fijaba en su oreja pequeña y en un diente sobresaliente que le daba picardía a una sonrisa sencilla. Enmudezco. ¡Chanchanchan! ¡Oh! ¿Y ahora qué?  Me acordé del libro absurdo de animales y de su lucha en la que ganaba el más débil. Quise contestarle: 

- Sí. Cuando termine la función bailo contigo. Será la única forma de mejorar. Sabré tragarme todas la palabras que podría decir. 

Desde entonces, bailamos juntos de vez en cuando y nunca terminé el libro que empecé por la mitad. Eso sí, el pequeño fragmento, que accidentalmente leí, me dijo más de lo que yo podía alcanzar a comprender con esa edad. Ahora bailo en silencio en teatros y rincones de la casa. Ensayo con disciplina y logré respetar el límite de palabras que se puede decir en el momento oportuno. 

Silencio. Me hago mayor y jamás pensé que alguien me pediría bailar. 

María Victoria Soriano García 

(vuestra profesora de Lengua y Literatura que ha querido participar igualmente en esta actividad de la ORLD) 

Nota: Recuerdo que las palabras subrayadas son las que tenían que aparecer en la composición de cada uno y fueron elegidas por todos los alumnos y la profesora en el aula a golpe de impulso. 


Oficina de Redacción Literaria Disparatada








Ha pasado mucho tiempo, aun así tengo muchos recuerdos de mi infancia. Recuerdos que muchas veces me producen una gran alegría pero a la vez una profunda tristeza, al saber que nunca más volverán a suceder esos hechos. 

Recuerdo esas tardes con los amigos en el parque jugando al fútbol, esas tardes en las que aquel parque se convertía para nosotros en un fantástico campo de fútbol. El sol apretaba con todas sus fuerzas pero no nos preocupaba en ese momento

Pero, sin duda, mi mejor recuerdo fue cuando en el parque, ya pasada la tarde, nos encontramos un gato jugando con una pequeña pelota. Era un gato muy peludo, con una pequeña herida en la oreja. A pesar de su pequeño tamaño, para nosotros era como un león. Nos acercamos muy despacio, con mucho miedo de que nos atacara. Un adulto que estaba allí leyendo un libro, y que le faltaba un diente, nos dijo que no tuviésemos miedo pues ese gato era igual de inofensivo que una mariposa. De todas formas, sabíamos por experiencia que un gato es un animal muy veloz y activo aunque a la vez pueda ser muy delicado

En ese momento, mi madre subió la persiana y gritó mi nombre por la ventana. Yo pensé que iba a ganarme un cachetón, pero en realidad me avisó para que me vistiese guapo para asistir al baile de fin de curso de mi hermana. Me enfadé mucho, me sentía como un pájaro al que le falta un ala y no puede volar en libertad. 

Mi madre no era ninguna bruja, pero cada vez que me llamaba para subir a casa me causaba una gran sensación de soledad. Yendo hacia mi hogar vi una gran nube oscura, la naturaleza es tan poderosa que puede hacer que pases dos horas preparándote y, finalmente, acabar empapado y no te ha servido para nada todo ese tiempo. 

Cuando subí a casa, me encontré a mi padre muy alegre sentado en una silla. Iba vestido con un traje con el que estaba muy guapo. Antes de salir, mi madre me encargó echarle de comer a mi iguana, que se llamaba Chanchanchan. Una iguana tan negra como una pantera y que me producía una gran alegría porque era una mascota a la que tenía mucho cariño. 

Fernando Macías Arjonilla, 3º Educación Primaria. 

Oficina de Redacción Literaria Disparatada





Una tarde de primavera, volaba cerca de una nube una alegre mariposa. De repente, se tropezó con una bruja a la que le faltaba un diente y una oreja. 

Era tan poderosa que, a través de un hechizo, hizo que la mariposa perdiera un ala. Ahora, la pobre, se encontraba en un momento delicado y sentía una gran tristeza por lo que había ocurrido. 

El sol, que lo había visto todo, llamó a los animales cercanos y, entre ellos, estaba la iguana, el gato, la pantera, el veloz león y un pájaro llamado Alegría; para contarles lo que había sucedido. Tenían que ayudar a mariposa con el fin de que volviera a volar en libertad. El peludo león se dirigió hacia un parque y allí encontró una silla, se acercó despacio y, en ella, observó que tenía unas letras que la distinguían. En ellas ponía: "Alegría". Después, regresó al mismo lugar donde les citó el sol. 

El guapo gato le dio un cachetón y se dirigió hacia el campo lleno de flores silvestres. Se topó con una persiana rota y regresó al mismo sitio donde se encontraban los demás. 

La pequeña iguana tenía miedo de ver a la bruja y que le pasara algo malo. La pantera vio a lo lejos algo que resplandecía y un pájaro muy guapo se acercó a ver qué ocurría. Chanchanchan... Un fantástico libro halló en la soledad de una colina y activó un baile con piruetas en el aire. 

Ana Belén Leal Lencero, 3º Educación Infantil. 

Oficina de Redacción Literaria Disparatada

                                          EN BUSCA DE LA LIBERTAD



Por fin llego la libertad, aún quedaban horas para disfrutar de este maravilloso día. Habíamos conseguido escaparnos de aquella poderosa bruja cuyo nombre era raro. ¡Nunca nos acordábamos!
Ese parque era un infierno para nosotros, lleno de momentos de soledad y tristeza, pero sobre todo miedo. No había un solo día que pudiéramos disfrutar de aquel fantástico sol del que todo el mundo hablaba, solo veíamos días grises, llenos de nubes, y lo peor de todo era que esos días nadie venía a visitarnos. Lo único bueno que tenía vivir aquí era cuando, niños como tú, venían a jugar con nosotros.  ¡Esos días sí que estaban llenos de alegría!

Pero, de repente, las cosas empeoraron, la Bruja Eris se volvió aún más delicada, ya no dejaba entrar ni siquiera a los niños.

Un día estando en mi jaula, me di cuenta de que todo estaba cambiando. Mi vecino, el gran León, que siempre había sido muy activo, ahora dormía casi veinte horas al día. No podía permitirlo, pues la tristeza se estaba apoderando de nuestras vidas.  Todos sabíamos cuándo las cosas iban mal, solo con hacer un pequeño ruido entre las rejas nos comunicábamos. 

Y así fue, apenas rocé mis dientes con las rejas cuando el pájaro Paco llegó, agitando sus alas fuertemente. La mariposa Rosa le seguía y la iguana Juana, aunque un poco más despacio, también apareció. Después de tantos años aquí, lo mínimo era tener un nombre. Pero alguien faltaba, hice un pequeño recuento:

-¡pájaro Paco!
- ¡Presente!
-¡mariposa Rosa!
-¡Presente!
-¡Iguana Juana!
- ¡Presente!
-¡León Hipólito!
-¡Presente!
-¡Pantera Alegría! …. ¡Eh, sí, soy yo!
-¡Gato Lucas!
    Chan chan chan...

Sonó una melodía de esas que aparecen en las películas para dar más tensión al asunto y nadie me contestó. Como siempre, el gato peludo estaba durmiendo y teníamos que ir a despertarlo. Pero las cosas no pintaban nada bien, porque el gato Lucas vivía al lado de la bruja y no podíamos hacer ni un solo ruido si queríamos ser felices para siempre. El pájaro Paco era el encargado de vigilar a la malvada bruja, mientras que la iguana Juana lo despertaba. Paco empezó a volar  y observo a la bruja desde la persiana. Estaba sentada en una silla, leyendo un libro, o por lo menos eso parecía. ¡Seguro que no estaba planeando nada bueno!

Nunca os he hablado de cómo es la bruja y creo que es el momento, porque afortunadamente no la veremos más. Desde que pusimos el pie aquí sigue igual: vestida y guapa… ¡No lo es! . Siempre me pregunté cómo una persona tan pequeña podía tener tanta maldad.  

Vamos a centrarnos, Juana ya había conseguido despertar al gato Lucas con un pequeño cachetón. No sé cómo se atrevió porque mira que tenía mal despertar... Ahora solamente tendríamos que ir hasta la puerta y salir a correr.  Pero las cosas no eran tan fáciles, de una bruja con nombre de diosa griega de la discordia no íbamos a escapar tan fácilmente. Teníamos que idear un buen plan.

-¡Lo tengo!  Dijo el gato Lucas.

Nos contó su pequeño plan  y la verdad que, a pesar de ser un dormilón, tiene muy buenas ideas. Solo necesitábamos un pintalabios, y yo de esas cosas no tenía, pues una pantera felina y salvaje como yo no podía permitirse tener eso.  Seguro que la iguana Juana tendrá, a ella le encanta ponerse guapa para Paco, aunque no lo admita todos sabemos que está enamorada de él. Ya habíamos pintado a la mariposa de color rojo cereza, ahora parecía otra, estaba irreconocible. 

Cruzó la ventana y se posó en el libro. La bruja al verla cogió el cazamariposas e intentó atraparla, pero Rosa estaba muy entrenada y voló hasta la jaula vacía, la más grande de todas y que siempre nos imaginamos que podría ser la casa de un enorme elefante. La bruja entró y Paco cerró rápidamente la puerta, ahora estaba atrapada y le tocaba vivir allí encerrada como lo habíamos hecho nosotros. No nos lo podíamos creer, estábamos alegres, éramos libres. ¡Podríamos correr por el campo y hacer nuestro baile de victoria!


Ahora llevamos un año viviendo en la selva, libremente, aunque todos juntos. Juana y Paco se casaron, Hipólito ahora solo duerme diez horas al día y Lucas, aunque sigue tan dormilón, nos alegra los días. 
- ¿Yo? Yo sigo como siempre, haciéndole justicia a mi nombre. 

María Flores Gómez, 3º Educación Primaria

Oficina de Redacción Literaria Disparatada


                                        EL MUNDO CAÓTICO DE CATALINA 



En un país encantado y fantástico, vivía una guapa bruja, la bruja Catalina. No era malvada, como el resto de sus primos. Era una bruja buena que ayudaba a todo el mundo. Su mascota era un alegre pájaro de nombre Paco. Juntos formaban la pareja perfecta. Ambos vivían en soledad y, a veces, les invadía la tristeza. Pero un día, al levantar la persiana, Catalina le dijo a Paco:

 - ¡Qué día tan soleado, hace un sol radiante! 
- Sí, Catalina, ¿ por qué no vamos al parque? El campo está vacío no hay nadie, contestó Paco.

Así, ambos se pusieron en marcha camino al parque. Para ello había que cruzar todo el campo. Decididos cogieron la silla mecánica, porque esta bruja era buena y no tenía escoba. Por el camino Paco vio a un peludo león, un tanto chanchanchán y se asustó. 

- ¡Socorro un león, que miedo! ¡Catalinaaaaaaaaaaa! 

- ¿Qué pasa, Paco? Sólo es un león y el pobre está tan solo como tú y yo.

Catalina se acercó y le preguntó: 

- Hola león, ¿cómo te llamas? Soy la bruja Catalina. 

- Hola Catalina, soy el león Bruno y no hago daño ni a un mono. 

- Pues vente con nosotros, vamos camino a un parque. 

Los tres siguieron el camino despacio pero alegres por no estar solos. Un poco mas tarde encontraron a un activo gato. 

- Hola gatito, ¿qué haces por aquí tan solo? - preguntó Catalina -. 

- Hola, me he perdido y no encuentro el camino a casa. Soy el gato Ramón y vivo en el otro lado del parque. 

- Pues perfecto Ramón, únete a nosotros, vamos hacia el parque. 

Continuaron su viaje con más ocupantes. Acto seguido apareció una veloz pantera con dientes tan grandes como palmeras. Esta pantera iba acompañada de su guapa compañera iguana. La pantera se llamaba Alegría y la iguana Libertad. 

- Hola chicos, ¿a dónde os dirigís? - pregunto Alegría-.

 - Vamos al parque, queremos pasar un momento agradable y no estar en el campo tan solos. ¿Queréis venir? - dijo Catalina -. 

- Sí, nos encanta hacer amigos. 

Siguieron su camino y de repente se oyó un cachetón. 

- ¡Un momento! - gritó Paco -. Aquí pasa algo. ¿No oís?. 

Todos se giraron y fueron hacía donde se había emitido el ruido. Encontraron a una oveja ligona que quería conquistar a una delicada mariposa. 

- ¿Qué pasa aquí? - preguntó Paco -. 

- No pasa nada, - dijo la oveja -. 

- Sí pasa, le he plantado un cachetón porque quería ligar conmigo esta oveja vieja, y yo estoy enamorada de un Ángel que vive en el parque. 

- No te preocupes mariposa, puedes acompañarnos, nosotros te llevaremos hasta él - dijo Catalina -.

Después de este largo camino todos llegaron al parque. En él, sobre una nube había una pequeña hada muy poderosa. Era la dueña de ese parque, pero muy contenta a todos recibió con un baile. Esta historia los unió a todos y desde entonces fueron amigos. La pantera Alegría, que le encantaba contar historias, decidió escribir un libro para contarle a todos los seres la importancia de los amigos y la felicidad que transmiten en su vida. Hay que cuidarlos pues son la familia que uno elige. Pese a ser especies diferentes, encajaron todos perfectamente. 

Colorín colorado, esta pequeña historia ha finalizado.

Coro Casimiro Márquez, 3º Educación Primaria.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Oficina de Redacción Literaria Disparatada


Ilustración de Benjamin Lacombe

Nunca he pensado que fuera una niña especial. De pequeña era una niña alegre, o eso cuentan. Pero ya no tanto. No es que esté triste, pero entiendo la tristeza y prefiero la soledad. Mi madre lo llama edad del pavo, estar en mi nube. También dice que así al menos no molesto tanto como mi hermano.

Una tarde de la semana pasada, en el parque, hice un test estúpido de una revista. Qué animal te define. Antes de empezar a hacerlo, miré los posibles resultados: león, mariposa o iguana. Pensé que me sentía identificada con la fuerza del primero, lo delicado de la segunda... Mis peores presagios se cumplieron: salió iguana. "Fantástico", pensé. No un pájaro, que puede volar, que tiene alas; no un gato, que es peludo y adorable; no una pantera, que es un animal poderoso y atractivo. No. Un maldito lagarto.

No me resistí y pasé por la nueva tienda de mascotas del barrio. Tengo que mirar a uno de esos bichos a los ojos, pensé. Entré en la tienda, pregunté por el animal, me señalaron dónde estaba. "Sólo tenemos una", dijo el vendedor; "la he llamado Mariela", dijo sonriente. Perfecto. La única iguana en, probablemente, kilómetros a la redonda y se llama como yo. Mi nombre, sí, ese que no es muy común. Mientras me acercaba a la urna, empecé a ponerme nerviosa. Me asomé y clavé mis ojos en aquel animal . Éste giró la cabeza, despacio. Se acercó al cristal, activo, sorprendentemente ágil. No me dio miedo, al contrario. No desprenden precisamente alegría pero sí tranquilidad.

No sé exactamente cuánto tiempo estuve allí. Pero sí que hubo una comunicación especial entre ese ser tan verde y yo. Movíamos la cabeza a la vez, como un baile.

Volví a casa, me senté en la silla de mi padre, subí bien la persiana, dispuesta a investigar. Y busqué en uno de sus libros a ese animal que tanto me definía. Les gusta el sol. Bien. Comen hojas. Mal, odio las espinacas. En libertad, viven en selvas. Bien, a mí me encanta el campo. Tienen tres ojos, no tienen orejas ni dientes... ¡Pero qué tontería! ¿Qué estaba haciendo? ¿Iba a dar crédito a una de esas brujas que escriben en cualquier sitio diciendo cosas que la gente quiere oír?


Los días siguientes, las iguanas se colaban como por arte de magia en las conversaciones con mis padres. No entendía el motivo. Escuchaba el nombre de ese animal en muchos lugares. Mi hermano pequeño presentaba una extraña y repentina obsesión. "¡Se me ha caído un diente! ¡Qué guapo! Las iguanas no tienen dientes, ¿verdad?".

Unos días después, mi madre me sentó en el sofá. Yo esperaba un momento incómodo, alguna riña. "Mariela, te veo rara y yo quiero que estés contenta. Por eso, te he comprado un regalo". Sacó una extraña caja agujereada y, después de darme un cachetón cariñoso y un beso, me la entregó. "El otro día te vi entrar en la tienda y mirarla.", me dijo.



Abrí la caja y, boquiabierta, vi a la otra Mariela. Sonreí. "¿Te gusta?", me preguntó mi madre. "Seguro que nos llevamos bien", respondí.

Rocío Méndez Pérez, 3º Educación Primaria. 

Oficina de Redacción Literaria Disparatada





-¡Alegría!, ¡Alegría!-se oía desde el otro lado del pasillo.

Intento con todas mis fuerzas abrir los ojos, pero el cansancio vuelve a apoderarse de mí.

-¡Pequeña, levántate o llegarás tarde a clase!- la misma voz de nuevo.

Noto que algo me hace cosquillas en los pies y doy un brinco en la cama.

-¡Aaaaaaah!- grito de puro miedo.

Levanto las sábanas titubeando y ahí está, como todas las mañanas, mi gato, Peludo, que una vez más viene a darme los buenos días. Miro corriendo el reloj. ¿Qué hora es? ¡Oh, oh! mamá va a enfadarse mucho, he vuelto a quedarme dormida. Me levanto de un salto y me visto rápidamente.

-¡Mamá!- la llamo alegremente.

¿Ya se ha levantado la princesa de la casa?- responde mi madre dándome un achuchón, de esos que te cortan hasta la respiración.

-¡Aaay!- gruño entre dientes.

Consigo zafarme antes de que sea demasiado tarde. Voy veloz a la mesa, cojo mis libros con una mano y el desayuno con la otra. Me paro un momento antes de irme a clase para tirarle un beso a mi madre, desde la puerta, no vaya a ser que el monstruo de los achuchones vuelva a hacer de las suyas.
Miro el reloj, es tardísimo, así que empiezo a correr. Paso dando saltos por el parque, le sigue la heladería de Teo y llego casi sin aliento a la tienda de disfraces que tanto me gusta. La miro con tristeza, prometiéndome a mí misma que volveré más tarde a ver ese fantástico disfraz de mariposa que tanto me gusta. Quizás también pueda venir Peludo conmigo. ¿Harán disfraces para gatos?
De repente vuelvo a mirar la hora.

-¡La señorita Rita me va a matar!- grito sobresaltada.

Vuelvo a reanudar mi caminata, corriendo cada vez más rápido, más rápido, más… ¿Este campo estaba aquí? Y ¿esa casa de dónde ha salido? Miro a mí alrededor. ¡Esto no me suena de nada!

-Alegría cálmate- me digo a mí misma.

De pronto, a lo lejos oigo un susurro, me acerco despacio e intentando no hacer ruido. Alguien tararea una extraña canción.

-Sea quien sea canta fatal- pienso para mí.

“En una iguana o en una pantera,
yo te convierto en lo que quieras.
Soy la bruja Soledad,
escucha mi nombre y ponte a temblar.
Con el diente de un león y el ala de un pájaro,
serás un escarabajo.
¿Te gusta la libertad?
¡Pues con mala bruja has ido a dar!”

-Esto no me gusta nada- me digo a mi misma.

Comienzo a dar media vuelta con la intención de salir pitando. ¡Oh, oh!, tropiezo con una rama, pierdo el equilibrio y caigo rodando en dirección contraria. ¡Vaya suerte la mía!

-¡Maldita sea!- grito mientras me froto la malherida pierna.

-¡Niña insolente! ¿Cómo te atreves a interrumpirme?- grita la mujer cantarina.

-¿Tú sabes quién soy? ¡Mi nombre es Soledad y soy una poderosa bruja!- me grita de nuevo abriendo sus grandes ojos.

Intento hablar, pero solo consigo balbucear.

-Lo sien…to, yo so…lo quería…- intento vocalizar sin éxito alguno.

Estoy aterrada, intento levantarme pero no soy capaz, la pierna me duele demasiado.
-¿Dónde crees que vas?- vocifera la bruja.

Saca algo similar a un palo y el sol comienza a ocultarse entre las nubes. No sé que pretender hacer, pero sea lo que sea  no tiene buena pinta.

-¿Dónde están los chicos guapos que te rescatan cuando estás en apuros?- repito interiormente una y otra vez.

La bruja comienza a soltar maldiciones y cuando parece que las cosas no podían ir a peor, me apunta directamente con su barita. Chanchanchan, da tres toques y bailando exclama:

“Orejas de sapo, esta niña se convertirá en un renacuajo”

El fin ha llegado, de esta no me salva nadie. Cierro los ojos lo más fuerte posible, esperando lo peor. Se oye un ruido lejano. ¿Un pitido? Abro los ojos  con miedo, veo una silueta que me es familiar. ¡La silla de mí escrito con el uniforme del colegio! Aún no puedo creerlo, me doy una cachetada que me activa por completo y hace que vuelva a la realidad. Todo ha sido un sueño. A mis pies está Peludo durmiendo delicada y plácidamente.

 María Soltero Díaz, 3º Educación Primaria. 

Oficina de Redacción Literaria Disparatada





Se abre el telón y empieza el concurso. Vamos a encontrar un presentador y cinco concursantes.

Presentador: ¡Bienvenidos! Nos encontramos en la décima edición y vamos a dar comienzo al maxiconcurso, pero antes me presentaré. Mi nombre es Máx y como ya os habéis podido imaginar soy el presentador del concurso. A ver si adivináis que animal soy, si yo os digo que soy pequeño, tengo cuatro patas y mi aspecto es parecido al de una gran pantera… ¿Os hacéis ya una idea? Bueno una última pista, me dan miedo los perros. En efecto, soy un gato negro muy guapo, con ojos amarillos saltones. ¡Bueno! ¡Bueno! Ahora vamos a dar paso a los concursantes.  El jugador número uno viene desde muy lejos, se trata de la señora Iguana, y ¿cómo no? se ha colocado sus galas más preciadas, lleva un chaquetón azul con un collar de perlas.

Nada más colocarse en su silla, todo el plato se inunda de alegría.

Señora Iguana: ¡Buenas! Es un placer volver a concursar. Creo que es muy tarde, ya debería conocer a mis oponentes. Asique aligera Máx.

Rápidamente, una bruja muy veloz entra en el plato. Tan rápido que al presentador no le da tiempo  presentarla al público.  Podemos ver que tiene unos dientes muy afilados, y lleva en su mano derecha un libro de conjuros, todo el mundo se fija en un pendiente en forma de escoba que lleva en su oreja.

Bruja: ¡Hola, soy  Alice! Vengo de Irlanda y seguro ganaré y si no con mi magia os convertiré a todos en nube de polvo. ¡Jajaja! Era broma. Por cierto me encanta el sol de España, allí no disfrutamos de estas temperaturas.

Presentador: Bueno Alice, mucha suerte he de recordarte que el libro lo tienes que guardar.
Despacio entra un pájaro con unas alas fantásticas, llenas de colores, se le veía lleno de alegría y muy contento.

El presentador se dirige al pájaro: Haber pajarito y ¿tú de dónde vienes?

Pájaro: Pues yo vengo del parque de Monfragüe, que se encuentra en Extremadura. Y aunque dicen que tenemos mucha suerte porque disfrutamos demasiado en libertad tenemos que tener mucho cuidado con los cazadores. Pues últimamente mi única compañía es la Soledad.

Presentador: bueno seguro que exageras, ya me habían comentado que eras un pelín cachetón. 

Vamos a seguir con las presentaciones. Desde el continente africano, viene el animal más poderoso que podemos encontrar en la tierra, es un felino muy peludo que se ha coronado como el Rey ¿Sabéis de qué animal se trata?  ¡Ah! Seguro que sí, vosotros sois muy listos. Se trata del león Kumak.

Kumak entra muy alegre y activo, con una amplia sonrisa. Se trata de un león bastante guapo y con un pelo muy suave.  Se coloca en su silla, después de saludar a los demás. En ese momento entra nuestro último concursante, se trata de una mariposa delicada, de color blanco con unos puntitos que la hacen brillar. Pero esa luz no era lo que llamaba la atención hoy, si no su cara, pues tenía cara de tristeza.

Presentador: La pequeña mariposa viene del campo andaluz, y quisiéramos saber ¿Qué le ocurre?

Mariposa: No me he adaptado todavía a esto de la metamorfosis. Ojala ganará y me concedáis el deseo de volver a ser otra vez un gusano.

¡Chanchanchanchan! suena un gong para dar comienzo a la primera prueba.
Pero de  repente se abre una persiana, y se oye una voz.

Mamá: ¡Máx¡ ¡Máx! ¡Despierta! Vamos a llegar tarde al gran baile.

 Máx: ¡Uff¡ Vaya todo ha sido un sueño, parecía tan real. Algún día mamá seré presentador.


Mamá: Vale hijo, así cumpliré mi sueño de ir a la tv. Pero ahora nos tenemos que ir al Baile.

Alejandra Fernández Fabián, 3º de Educación Primaria